Carmen Andrade Muñoz
Cuidadora en los servicios residenciales

Tras 33 años de servicio a esta entidad, Carmen Andrade se ha jubilado con una fiesta sorpresa rodeada de compañeros y compañeras, antiguos y actuales, muy agradecida por lo vivido. Se considera una mujer muy activa, que ha hecho varias veces el camino de Santiago, por lo que reconoce costarle la idea de separarse de sus chavales.

¿Qué sintió cuándo empezó a trabajar con personas con discapacidad?
Empecé a notar que ellos me daban más que yo les daba a ellos. Cuando entré en el 91 llevaba una escuela taller de plantas ornamentales y aquello fue maravilloso. No tenía el alcance de saber que una persona con discapacidad me iba a ofrecer tanto en aquellos momentos como yo necesitaba. En vez de ayudarlos yo a ellos, ellos me ayudaban a mí. Entonces yo sentía como si fuera una llamada. Sin plantearme trabajar en discapacidad. Todo ha sido de improviso y con mucha alegría.

¿Por qué centros de la entidad ha pasado?
Estaba haciendo una escuela taller y se necesitaban persona cuidadoras. Pepi Romero iba por allí mucho y me dijo que hacía falta personal. Me hizo una entrevista pero mi miedo era que yo no había trabajado nunca con personas con discapacidad. Ella me dijo que no me preocupara, que iba a estar apoyada. Y así fue. El equipo técnico, psicólogo, trabajadora social, cuidadoras… todos apoyando. Yo tenía una necesidad de trabajo, tenía a mis niños chicos y acepté.
Entonces entré en la residencia ‘Hermana Clara’ (Alcalá de Guadaíra) con ocho chicas con problemas de salud mental grave pues venían del psiquiátrico. Tras los dos o tres primeros días que entré, como de prácticas, cuando llegó el fin de semana dije, yo aquí no sigo. Porque ellas te muestran todas sus actitudes para saber cómo eres tú. Pero gracias al apoyo de Paz y Bien, de Benito, Pepi, Asunción, Valentina y Carmeli, me animé a continuar. Me he llevado allí siete años alucinando de feliz, con ellas, con las niñas de la reforma psiquiátrica. Mi madre me llamaba y yo le contaba y mi madre me día “Mari Carmen te vienes”, pero era una cosa que me tiraba. Era muy llamativo como ellas se comportaban, porque venían de donde venían, copiando malas conductas, y yo decía que sabía que podía con eso. Además, nos beneficiábamos las dos, entonces seguí. Y con mi compañera Carmen Mayoral y el apoyo de la asociación, todo fue coser y cantar. En adelante me mandaron a la vivienda tutelada de Tomares, donde disfruté también mucho. Al no tener una preparación de Psicología, actúas atendiendo a tu sentido común. Y siempre, el chaval es lo primero. Lo vivo y lo recuerdo y todavía me emociono.

¿Cuál fue el siguiente destino tras Hermana Clara y la vivienda de Tomares?
Paz y Bien abrió las residencial ‘Los Pinos’ (Alcalá de Guadaíra) y vino la pandilla de las mujeres de la casa de La Algaba y otra vez fue disfrutar y progresar con ellas a la vez.
El trabajo es muy enriquecedor, a nivel de sentimientos y de ser persona cuando estás trabajando con ellas. Quien no lo ha hecho, no se lo puede imaginar.

¿Qué debe tener una persona para desempeñar esta labor?
Primero vocación. Porque algunas personas que entran nuevas traen estudios y se ciñen a los cuadrantes. Y eso no es. Hay veces que el chaval puede necesitar afeitarlo y hay que hacerlo aunque no lo ponga en el cuadrante. Estos trabajos, si no tienes vocación, aunque te ofrezcan 2.000 euros no los coges. Y si lo coges, hazlo bien. Hay que mirar por ellos, para que sean felices porque si son felices, tú a la vez, también lo eres. Es verdad que en las vidas personales pasan muchas cosas pero yo era llegar a Pinos, abrir la cancela y ya me olvidaba de todo. Porque ellos me necesitaban más y yo a ellos. Vocación, ser humanitario y tener muy claro que el chaval va por delante.

Eso está en sintonía con la filosofía de Paz y Bien
La filosofía de Paz y Bien es esa pero te tiene que salir de dentro, porque puedes conocer la filosofía, que Pepi nos recordaba siempre los tres principios de la asociación, pero si no los llevas a cabo… Yo me doy cuenta de la persona que no va en esa onda, de momento, por muchos títulos que tenga.

¿Qué momentos son los que se lleva?
Las niñas de Hermana Clara. Siempre las llevo en el corazón. Esos son momentos, por la incertidumbre de no estar preparada para lo que se te venía. Ha sido un esfuerzo constante para que todo saliera bien, con el apoyo de Paz y Bien y mi compañera Carmen Mayoral, que es una bellísima persona. Ese es el recuerdo más fuerte que tengo. Hermana Clara para mí es primordial.

¿Qué la ha retenido aquí tantos años?
Este trabajo no lo cambio por ninguno. Pepi me ofreció estudiar para coger un puesto de educadora o responsable, pero yo no lo cambio. Es el trabajo de mi vida y esa ha sido la retención, encontrarme a gusto siempre y dando lo más de mí, pero ellos te dan el doble. También he tenido muy buenos compañeros. En el tema de cuidador, la persona tiene que ser excelente y he tenido compañeros excepcionales, todos. Esto ha pasado muy pronto. Me va a costar, por el enganche. He sido una persona muy activa y no ir allí, no lo sé…

¿Qué le diría a la gente joven que viene detrás?
Que usen, no solo lo que han estudiado, sino el sentido común, la vocación y ser muy humana. Es un trabajo tan bonito, que te reporta tanto, que si tú no inviertes… Luego vas a trabajar mejor si creas un clima de trabajo bonito. Pensar que el chaval está antes que tú, que tu móvil, que tu casa… Verlos a ellos a gusto te reporta mucho.