Arsenio Carvajal llegó a Paz y Bien en el año ‘89. Con el tiempo ha ido ampliando sus estudios con los múltiples cursos que ha ido haciendo en su vida laboral. Hace unos años, consiguió la habilitación, gracias a su experiencia, para trabajar con personas con discapacidad como personal socio-sanitario, a través de la Junta de Andalucía.
Asegura que su principal afición es la fotografía y hacer rutas con la bicicleta.

¿Qué puesto desempeñas actualmente en Paz y Bien?
Actualmente soy responsable del taller número cinco. Tengo a mi cargo a 17 personas usuarias y nos dedicamos a la manipulación de artículos de limpieza, baño y sanitarios.También hacemos salidas a la comunidad, como a la biblioteca y al polideportivo.
Llegaste cuando la entidad tenía 10 años de vida ¿Cómo han sido estos 35 años de trabajo aquí?
Al principio fue duro porque no estaba familiarizado con todo este mundo, pero como decía Rafael Pozo: “aquí se trabaja con el corazón”. Durante estos años he pasado por distintos puestos en la empresa. El primer contrato me lo hizo Fernando Sánchez Calero para repartir los artículos de la imprenta. Después estuve repartiendo los productos propios de Paz y Bien y ya me incorporé a los talleres de manipulado. Aquí es donde verdaderamente se aprende y se coge experiencia, trabajando codo con codo con las personas, compartiendo sus vivencias, problemas, alegrías…

¿Habías trabajado anteriormente con personas con discapacidad? ¿Cómo fue el comienzo?
Nunca había trabajado con personas con discapacidad. Conocía a un familiar de un amigo pero nada más. Los comienzos no fueron fáciles pero sí muy enriquecedores. Desde el primer día me di cuenta de la importancia de la inclusión y el respeto. Trabajar con estas personas me enseñó a ver más allá de las limitaciones y a valorar cada pequeño logro.

¿Por qué centros has pasado?
Además del centro de día de Santiponce y el Centro Especial de Empleo, también he estado en la residencia ‘Los Pinos’ y en vivienda tutelada tanto en Sevilla como en Tomares.

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?
Lo que más me gusta es la atención directa con cada persona usuaria.

¿Qué le dirías a una persona que nunca se ha relacionado con alguien con discapacidad intelectual y desconozca sus capacidades?
Le diría que hay que tratar con todas las personas y acercarse a ellas con una mente abierta y dispuestos a aprender. Cada persona usuaria tiene sus propias fortalezas, intereses y maneras de comunicarse. Es importante no hacer suposiciones basadas en prejuicios o estereotipos. Es importante saber que todos somos valiosos y tenemos algo especial que ofrecer al mundo.

¿Qué características debe tener una persona para realizar este tipo de trabajo?
Una persona que trabaja con personas con discapacidad debe tener varias características claves como son:
Empatía: debemos ponernos en el lugar de los demás, comprender sus emociones y necesidades.
Paciencia: cada persona tiene su propio ritmo de aprendizaje y desarrollo por lo que la paciencia es fundamental para guiar y apoyar.
Comunicación efectiva: debemos comunicarnos de manera clara y adaptada a cada persona usuaria.
Creatividad: buscar formas divertidas de enseñar y motivar.
Flexibilidad: hay que saber adaptarse a cualquier situación ya que puede cambiar rápidamente.
Conocimiento: tener una base sólida sobre discapacidades intelectuales, sus características y llevarlas a la práctica.
Actitud positiva: crear una ambiente optimista para aumentar la confianza y la motivación.

¿Qué te ha retenido en la entidad todos estos años?
Trabajar en el centro es una experiencia muy enriquecedora y gratificante. Tengo la oportunidad de ayudar a mis personas usuarias a alcanzar sus metas y mejorar su calidad de vida. Formamos parte de una comunidad solidaria donde trabajamos hacia un objetivo común. Las relaciones que construyes con los compañeros de trabajo, las personas usuarias y sus familias son muy importantes. Cada día es diferente, así aprendemos a adaptarnos a diversas situaciones y a ser más creativos en nuestro
trabajo.

En definitiva, es un trabajo que requiere pasión, empatía y dedicación, pero las recompensas emocionales son realmente valiosas. ¡Es un camino lleno de aprendizaje y amor!

¿Qué momentos destacarías de los vividos en la entidad?
Me gustaban mucho las convivencias que hacíamos los fines de semana por Huelva y Jerez. Allí teníamos en común muchas ideas para mejorar nuestro trabajo.

También me traen buenos recuerdos las antiguas fiestas de Navidad en Santiponce, donde hacíamos barbacoa o arroz y las personas usuarias se lo pasaban muy bien porque eran más íntimas. Destacaría también tiempo que estuve en la Unidad de Día, pues aprendí que, debido a mi experiencia, soy mucho más útil en un taller que en la unidad, donde las personas son más dependientesy precisan de apoyos muy concretos.

¿Qué trasladas a la gente joven que se está incorporando a esta tercera generación en nuestra entidad?
Yo le daría varios consejos o peticiones:
Resaltar la importancia de nuestro trabajo.
Animarles a ver esta experiencia como una oportunidad para aprender y crecer.
Van a desarrollar una serie de habilidades como el trabajo en equipo, la resolución de problemas, etc. que les servirán para cualquier carrera o trabajo.
No todo es trabajo duro, también van a tener momentos de alegría, risas y diversión.
Como conclusión, creo que para ellos podría ser una experiencia que seguramente recordarán con cariño toda su vida.