Juan Luis Muñoz Escassi
Gerente de la Asociación de
Fundaciones Andaluzas (AFA)
Estudié Derecho, hice un EMBA, cursé el Programa de Alta Dirección de Empresas Líderes (ADEL) en San Telmo Business School y el Programa de Gestión Estratégica y Liderazgo Social en IESE. Yo iba para director general de un gran mundo empresarial. Lo tenía todo más o menos claro, pero, como tantas veces ocurre en la vida, apareció alguien que me propuso poner en marcha en Andalucía una organización que aglutinase a todas las fundaciones.
Y eso cambió mi vida, tanto en lo profesional como en lo personal. Me comprometí por cinco años y llevo ya más de 23 trabajando intensamente por este sector, conviviendo con fundaciones de todo tipo, de todos los ámbitos, no solo en Andalucía, sino también en España e Iberoamérica.
No es una coincidencia que tanto el deporte como la ayuda a los demás hayan estado siempre presentes en mi educación y en el ejemplo que vi en mis padres. Al final, quién soy y cómo vivo es consecuencia de esa trayectoria marcada por el deporte y por el compromiso social.
Tras 23 años al frente de la AFA. ¿Cuáles son los mayores retos para una entidad que alberga bajo su paraguas sensibilidades dispares, o incluso antagónicas?
Yo creo que lo que da verdadero valor a la Asociación de Fundaciones Andaluzas es precisamente su diversidad: aquí conviven fundaciones de todo tipo y tamaño. Sobre todo medianas y pequeñas, con recursos y equipos muy reducidos, pero también del ámbito social, cultural, deportivo, corporativo, universitario, educativo, de investigación, de emprendimiento o de I+D+i. Esa pluralidad es, en realidad, una enorme riqueza.
Nuestro mayor reto era —y sigue siendo— la profesionalización del sector. Se ha avanzado mucho en estos años, pero continúa siendo nuestro caballo de batalla. Profesionalizar significa dotar a las fundaciones de estructuras sólidas, capacitarlas para que cumplan mejor su misión y asegurar que sean sostenibles en el tiempo. Nuestra visión es clara: alcanzar un nivel de profesionalización tan relevante que se convierta en la herramienta clave para que las fundaciones que aglutinamos sean capaces de transformar el mundo.
Considero fundamental que existan espacios de encuentro permanentes, donde las entidades puedan escucharse, compartir, detectar retos comunes y construir soluciones conjuntas.
Dentro del Tercer Sector, ¿qué demandas o necesidades son las más comunes entre las entidades, dejando aparte la financiación?
Voy a contestarte con lo que más demandan las entidades, pero también con lo que, en mi opinión, constituye su mayor necesidad.
Las organizaciones suelen pedir formación, asesoramiento jurídico, laboral y contable, además de distintos tipos de apoyo. De forma recurrente también mencionan la necesidad de financiación, y es evidente que todos esos recursos son imprescindibles para su funcionamiento. Sin embargo, desde mi experiencia, la clave está en comunicar. Este sector hace un trabajo enorme y transformador, pero no basta con hacerlo: hay que contarlo, y contarlo bien. Comunicación y captación de fondos están íntimamente ligadas; cuando se transmite de manera clara, honesta y profesional lo que se hace, los recursos terminan llegando.
Además, considero fundamental que existan espacios de encuentro permanentes, donde las entidades puedan escucharse, compartir, detectar retos comunes y construir soluciones conjuntas. Es en lo compartido donde nacen proyectos, sinergias e ideas que hoy ni imaginamos.
Cuando nos encontramos, cuando compartimos y cuando nos escuchamos, multiplicamos las posibilidades de transformar nuestro entorno.
¿Qué valoración hace de la situación económica de las entidades del tercer sector?
Considero que la situación económica de las entidades del sector no es buena. Las fundaciones vivieron de forma muy drástica la crisis de 2008: pasaron de estar sostenidas en gran parte por la administración y las cajas de ahorros a que esas fuentes se extinguiesen y hubiese que reinventar de dónde obtener los recursos.
Ese cambio de paradigma obligó a agudizar el ingenio, a abrir vías de captación que antes no se habían contemplado y a diversificar, por pura necesidad, el origen de los ingresos.
Pero también dejó, desde mi punto de vista, la sensación de que “mendigamos” el dinero que nos permite trabajar. Y lo hizo en un sector en el que la profesionalización sigue siendo una asignatura pendiente, también en el ámbito económico. La gestión de esos recursos debe ser una de las áreas estratégicas de estas entidades. Es fundamental tener claro cuáles son todas las posibles fuentes de ingreso, saber cuáles encajan mejor con cada organización y trabajarlas de manera profesional.
Este sector hace un trabajo enorme y transformador, pero no basta con hacerlo: hay que contarlo, y contarlo bien. Comunicación y captación de fondos están íntimamente ligadas; cuando se transmite de manera clara, honesta y profesional, los recursos terminan llegando.
La planificación económica debe hacerse con la misma rigurosidad con la que se lleva a cabo en cualquier empresa y, en función de los medios disponibles, desplegar medidas de actuación y darnos tiempo para que esa planificación dé sus frutos. Además, la captación de fondos no puede recaer solo en una persona o en un departamento aislado. Tiene que estar integrada en la cultura organizativa, formar parte del ADN de la entidad y ser asumida por todos los colaboradores. Solo así se garantiza una estrategia coherente y sostenida en el tiempo.
¿Qué debe cambiar para que las entidades puedan ser solventes y puedan retener el talento dentro de las mismas?
Yo creo que para que las entidades sean solventes hay que profesionalizar la gestión, apostar por estructuras estables, planes a medio y largo plazo, y alianzas reales con la administración.
En cuanto a retener el talento, creo que se ha avanzado mucho, pero es necesario seguir trabajando en la formación continua de las personas que ya forman parte de él. Y, para atraer nuevo talento —que también es muy importante— todavía deben cambiar muchas cosas. Una de ellas es el marco retributivo. No se entiende que alguien que dirige una empresa de un sector como el de los videojuegos tenga unas condiciones alineadas con el mercado y, en nuestro ámbito, no ocurra lo mismo.
En el Tercer Sector ya existe un plus diferencial: trabajamos por los demás. Pero las políticas de compensación y reconocimiento profesional son determinantes para que más personas quieran incorporarse. Por tanto, si queremos atraer talento, lo primero es ofrecer condiciones competitivas y ajustadas al valor del trabajo que se realiza. Y para retenerlo, hay que seguir invirtiendo en formación, desarrollo y reconocimiento.
Al final, este es un sector con corazón y eso significa cuidar a las personas que lo sostienen con la misma seriedad y rigor con que se hace en cualquier otra organización: ofreciéndoles oportunidades de crecer, estabilidad y reconocimiento a su compromiso.
¿Qué nuevas vías de financiación cree que se pueden implementar?
Tenemos que explorar más la colaboración con empresas desde la lógica de la alianza a largo plazo y no solo del patrocinio puntual. La clave está en construir relaciones estratégicas, basadas en la búsqueda de sinergias y en el análisis de los puntos de encuentro entre lo que la entidad necesita y lo que la empresa puede aportar. Esto significa pasar de colaboraciones esporádicas a alianzas sostenidas y estructurales, que se conviertan en parte de la estrategia de responsabilidad social corporativa de la empresa y en una palanca de sostenibilidad para la entidad.
Si logramos que las compañías entiendan que su implicación no es solo “aportar recursos” sino compartir propósito, conocimiento y compromiso, habremos transformado el concepto de financiación en un modelo de colaboración estratégica con impacto real y continuado en el tiempo.
Además, hay otras fórmulas que debemos impulsar: la filantropía estratégica, los fondos de impacto, el micromecenazgo o las herencias solidarias. Las vías existen, pero lo que falta es cultura y confianza. Y para generarlas, tenemos que aprender a contar mejor lo que hacemos: con rigor, pero también con emoción.
En comparación con el resto del territorio nacional, ¿en qué situación se encuentran las entidades andaluzas en general?
Andalucía tiene un tejido fundacional y asociativo muy vivo y con un gran arraigo territorial. Pero todavía nos falta visibilidad y, en ocasiones, reconocimiento. Aquí se hace mucho con poco. En servicios, en creatividad, en compromiso… estamos a un gran nivel. Lo que necesitamos es más apoyo estructural, que permita consolidar equipos, planificar a largo plazo e impulsar la innovación. El voluntariado, por ejemplo, sigue siendo una fuerza vital, pero requiere también cuidado, formación y propósito.
A nivel nacional, Andalucía es ya una de las dos comunidades más importantes en este sector. Y tenemos que creérnoslo: estamos en condiciones de liderar desde la experiencia, la diversidad y la capacidad de respuesta.
Acaban de estrenar un nuevo proyecto llamado ‘Tertulia del Tercer Sector’ ¿Con qué objetivo se pone en marcha? ¿Qué expectativas tiene?
La Tertulia del Tercer Sector es una iniciativa pionera en España de AFA que consolida más de 20 años de trayectoria.
Se trata de un proyecto andaluz, pensado por y para las ocho provincias de nuestra comunidad. Un espacio que nace con ilusión y que supone un paso más en el camino que venimos recorriendo desde 2003.
Durante estos años hemos estado en contacto directo con el sector —en febrero terminamos, por ejemplo, de recorrer Andalucía y conectamos con más de 1.000 fundaciones—. La tertulia es la consecuencia natural de ese recorrido: el resultado de haber generado una red real de relaciones entre quienes formamos parte del sector fundacional andaluz.
Queríamos dar un paso más porque creemos en la fuerza de las relaciones personales. La conexión entre las personas genera lazos de colaboración reales entre nuestras entidades. La tertulia no será una cita puntual: nos reuniremos tres veces al año, con la vocación de crear un foro permanente de encuentro. Un espacio donde escucharnos, compartir, detectar retos comunes y construir juntos soluciones. Queremos que sea un lugar plural, en el que convivan fundaciones de todos los ámbitos. Estoy convencido de que las relaciones marcan la diferencia, de que el cara a cara no se puede sustituir y de que iniciativas como esta son las que realmente mueven el mundo. Estoy seguro de que de esta tertulia van a surgir proyectos, ideas y sinergias que hoy ni imaginamos. Porque cuando nos encontramos, cuando compartimos y cuando nos escuchamos, multiplicamos las posibilidades de transformar nuestro entorno.
Tenemos que explorar más la colaboración con empresas desde la alianza a largo plazo. Construir relaciones estratégicas, basadas en la búsqueda de sinergias y en el análisis de los puntos de encuentro entre lo que la entidad necesita y lo que la empresa puede aportar.
Hace unos años puso en marcha el Reto Pichón. Háblenos de esta conjunción de deporte y solidaridad, del deporte como vehículo para sensibilizar a la población sobre temas sociales.
El #RetoPichón nació en 2011 como una locura personal y hoy es una comunidad con alma. Surgió de la necesidad de conjugar dos pilares fundamentales en mi vida: el deporte y la ayuda a los demás. Durante muchos años fue una auténtica medicina personal, un camino para dar sentido y canalizar energía hacia algo que trasciende lo individual.
Cada año elegimos una causa social, representada a través de una ONG. Nos ofrecemos para ayudar —porque algo que he aprendido es que para ayudar primero hay que pedir permiso— y, junto con la entidad, articulamos el proyecto al que se destinarán los fondos.
El reto se traduce en un desafío deportivo anual: una prueba que nos marcamos con la doble misión de superarnos y, al mismo tiempo, visibilizar realidades que necesitan ser contadas.
La recaudación de fondos se gestiona a través de plataformas de crowdfunding, lo que garantiza total transparencia: cada microdonación llega directamente a la entidad y se dedica íntegramente al proyecto definido.
El #RetoPichón fue mi medicina y hoy es mi manera de decirle al mundo: “a esta causa le dedico mi esfuerzo, mi tiempo y mi corazón”. Y eso, cuando se comparte, mueve montañas.
En este momento, además, se ha convertido en mi forma de mantener viva la memoria de mi madre. Si consigo eso, habré alcanzado la meta más importante de mi vida.


