JORGE LÓPEZ MONGE
Monitor
¿Cómo conoció Paz y Bien?
Conocí Paz y Bien coincidiendo con la Expo’92. En aquel momento se estaban elaborando banderines para diferentes pabellones y, como vivía cerca y estaba estudiando, me enteré de que podía recoger materiales para confeccionarlos y obtener así un ingreso extra. Sin saberlo, aquella oportunidad iba a cambiar mi vida profesional.
¿Cómo fue aquel primer contacto?
Fue a través de la Residencia Oromana. Cuando acudía a recoger o entregar materiales, las personas usuarias que vivían allí me recibían con un cariño enorme. Lo que más me llamó la atención fue el ambiente: cercano, familiar y muy humano. Aquellas personas me hicieron sentir muy cómodo y despertaron en mí algo que hasta entonces no había descubierto: las ganas de trabajar con personas, de ayudar a quien más lo necesitara y, sobre todo, de aprender de todo lo que ellos tenían que enseñarme.
¿Determinó esto su orientación laboral?
Sin ninguna duda, fue fundamental para orientar mi vida profesional. Creo que muchas veces uno piensa que el trabajo es simplemente una manera de ganarse la vida, pero en mi caso descubrí que podía ser mucho más que eso. Descubrí una profesión con la que podía sentirme útil, acompañar a otras personas y aprender de ellas.Con el tiempo fui buscando formación que me permitiera desempeñar mejor mi trabajo. Estudié Auxiliar de Enfermería, me formé en movilización de pacientes, primeros auxilios y realicé diferentes cursos. Incluso cuando me encontré con nuevas necesidades, como tener que comunicarme con dos personas sordas me puse a estudiar Lengua de Signos. Para mí, formarme siempre ha sido una manera de mejorar la atención que podía ofrecer.
¿Cuándo empieza a trabajar en la entidad?
En 1997 tuve la oportunidad de entrar en una Escuela Taller, en el módulo de Turismo Rural. Aquella fue una etapa muy importante porque me permitió integrarme mucho más en la entidad y conocer de cerca el trabajo con las personas usuarias. Al finalizar la Escuela Taller me ofrecieron la oportunidad de incorporarme a la Unidad de Estancia Diurna, donde comenzó realmente una etapa profesional que ha terminado ocupando más de media vida.
¿Qué puestos y funciones ha desempeñado?
Comencé en la Escuela Taller, dentro del módulo de Turismo Rural, realizando trabajos de restauración y ejerciendo también como guía turístico en la Granja Escuela. Después pasé a la Unidad de Estancia Diurna, donde desempeñé funciones de atención y acompañamiento a las personas usuarias. También prestaba apoyo en otros servicios durante las tardes, vacaciones y periodos especiales. He tenido la oportunidad de colaborar en diferentes servicios residenciales, como Hermana Clara, Pinos del Nevero y Residencia Oromana, además de participar en transporte y acompañamiento en respiros familiares. Posteriormente pasé de monitor responsable al Taller 3, donde continúo actualmente.
¿Qué le ha aportado su trabajo?
He aprendido a escuchar, a tener paciencia, a ponerme en el lugar del otro y a valorar las pequeñas cosas; que cada persona tiene sus capacidades, sus ritmos, sus necesidades y su propia manera de comunicarse. He aprendido de los profesionales con los que he compartido tantos años, pero también, y sobre todo, de las personas usuarias. Ellas me han enseñado que muchas veces somos nosotros quienes tenemos que cambiar nuestra manera de mirar, de comunicarnos y de entender las cosas, y que trabajar con personas implica también dejarse transformar por ellas.
¿Cómo ha determinado su evolución personal y profesional?
Pasar por diferentes servicios me ha permitido conocer distintas realidades, diferentes necesidades y diferentes maneras de trabajar. Cada etapa me ha aportado algo. Pero, sobre todo, me ha permitido conocer a muchas personas y entender que detrás de cada persona usuaria hay una historia, una personalidad, unos sueños, unas capacidades y mucho que aportar. Todo eso me ha hecho crecer como profesional, pero creo que todavía más como persona. Las personas con las que trabajas también te ayudan a ti a ser mejor.
¿Qué destacaría de Paz y Bien?
Por encima de todo, a las personas. He encontrado profesionales y usuarios que han conseguido que Paz y Bien sea mucho más que un lugar de trabajo. Para mí siempre ha tenido ese carácter familiar y cercano que descubrí cuando entré por primera vez en la Residencia Oromana. He conocido a muchísimas personas y he compartido con ellas momentos buenos, momentos difíciles, aprendizajes y experiencias que forman parte de mi vida, entre otras Mari Paz, Oliva, Nieves y mi amiga Adri, compañera inseparable de tantos años. También destacaría la capacidad de la entidad para evolucionar y adaptarse a las necesidades de las personas, y las oportunidades que me ha dado para seguir aprendiendo y asumir nuevos retos.
¿Cómo es su trabajo actualmente?
Trabajo en el Taller 3, y para mí sigue suponiendo un reto diario. Mi trabajo consiste en acompañar, apoyar, enseñar y aprender cada día de las personas con las que trabajo. Intento que cada una pueda desarrollar sus capacidades, sentirse útil, participar y disfrutar de su día a día. ¡Haciendo divertido incluso los momentos de tarea ocupacional! Y, al mismo tiempo, sigo aprendiendo de ellos.
¿Cómo ha evolucionado la entidad desde su llegada?
Muchísimo. Han cambiado los servicios, las formas de trabajar, la formación de los profesionales y la manera de entender la atención a las personas con discapacidad intelectual. Se ha avanzado hacia una atención más centrada en la persona, en sus capacidades, sus derechos, sus decisiones y su participación. También ha evolucionado mi propia manera de trabajar. He tenido que adaptarme, aprender y asumir nuevos retos continuamente.
¿Qué representa para usted Paz y Bien y qué desea para el futuro?
Paz y Bien representa una parte enorme de mi vida.Llevo aquí más de media vida. He crecido aquí, he aprendido aquí, he conocido a personas que se han convertido en familia y he vivido momentos que llevaré conmigo para siempre. También he vivido momentos dolorosos. Algunos compañeros y usuarios que fueron muy importantes para nosotros ya no están. Para el futuro solo deseo seguir como hasta ahora: con mis chavales, con mis compañeros y con las mismas ganas de trabajar y de aprender.
Qué mensaje lanzaría a la sociedad sobre la discapacidad intelectual?
Diría que tenemos que cambiar la mirada. Las personas con discapacidad intelectual no deberían ser definidas por su discapacidad, sino por todo lo que son, por todo lo que pueden hacer y por todo lo que tienen que aportar. Tenemos que darles oportunidades, escucharlas, respetar sus decisiones, confiar en sus capacidades y permitir que sean protagonistas de sus propias vidas. Y, sobre todo, tenemos que entender que la inclusión consiste en que formen parte de ella, participen, decidan, tengan oportunidades y sean valoradas como cualquier otra persona. Si algo me ha enseñado todo este camino es que cuando dejamos de mirar las limitaciones y empezamos a mirar a la persona, descubrimos todo lo que realmente puede aportar.



