TERESA ORTIZ
Directora de la Residencia de Paz y Bien, ‘Oromana’, en Alcalá de Guadaíra
Tere comienza historia en Paz y Bien en 1997, con unas prácticas en el taller de la compañera Elena Palma, en Santiponce. Lo que empezó como una etapa formativa se convirtió rápidamente en una vocación que marcaría su vida para siempre. Asegura que se enamoró de las personas a las que acompañaba, de su forma de entender el mundo y de la capacidad que tenían para enseñar sin darse cuenta. Tanto fue así que ese mismo verano se fue de colonias con ellas, una experiencia que confirmó que aquel era su lugar.
En octubre de 1998 comenzó a trabajar como cuidadora en la residencia de adultos ‘Oromana’. Años después, en 2004, tuvo la oportunidad de asumir la dirección de otro centro residencial ‘Los Pinos’, un nuevo proyecto pensado para aquellas personas de nuestras residencias que necesitaban otro ritmo de vida. Afirma que para ella fue un privilegio acompañarlas en esa etapa tan importante. Meses más tarde regresó a ‘Oromana’ para asumir su dirección, responsabilidad que continúa desempeñando hasta el día de hoy.
En cuanto a su formación, estudió en el Instituto Llanes el grado superior de Educadora de disminuidos psíquicos, como se llamaba en aquellos entonces. Mientras trabajaba en la residencia, continuó formándose y obtuvo la titulación universitaria de Maestra de Educación Especial. Ya fuera del ámbito profesional, disfruta con el baile, que es lo que le apasiona. Desde pequeña participaba en actuaciones por distintos pueblos y en concursos de sevillanas. Antes de incorporarse a Paz y Bien formó parte, como bailaora, del grupo ‘Espectáculos Maite’. El baile es para ella una forma de expresar lo que lleva dentro. El deporte y la playa son otros campos en los que también encuentra el disfrute, junto a su familia, pues es madre de
dos hijos.
¿Cómo y cuándo llega a Paz y Bien?
Llegué a Paz y Bien en 1997 para realizar mis prácticas. La cercanía con mi pueblo, Espartinas, hizo que eligiera este lugar, pero lo que realmente me hizo quedarme fue todo lo que encontré aquí. Desde el primer momento sentí que estaba formando parte de algo especial. Además de las prácticas, decidí colaborar también los sábados en la residencia porque cada día me sentía más vinculada a las personas y al proyecto.
¿Cuál es su vocación? ¿Qué es lo que más le gusta del trabajo en la entidad?
Lo que más me gusta de Paz y Bien es precisamente lo que siempre he sentido que somos: una gran familia. A lo largo de todos estos años he tenido la suerte de compartir camino con compañeros extraordinarios que me han acompañado tanto en los momentos felices como en los más difíciles de mi vida.
Aquí no solo he encontrado un trabajo; he encontrado personas que han creído en mí, que me han ayudado a crecer y que han estado presentes en cada etapa de mi vida personal y profesional. Ese sentimiento de familia es, para mí, el mayor tesoro de la entidad.
¿Qué labores ha desempeñado en la entidad durante estos años?
He desempeñado funciones de atención directa a las personas usuarias y posteriormente he asumido responsabilidades de gestión y dirección de distintos centros. Ambas etapas han sido fundamentales para mi desarrollo profesional y personal, porque me han permitido conocer de cerca las necesidades, sueños y capacidades de las personas a las que acompañamos.
¿Qué le aportan las personas con discapacidad con las que ha compartido su vida?
Esta es, sin duda, la pregunta que más me emociona.
Las personas con discapacidad intelectual han transformado mi vida y mi forma de ver el mundo. Les debo mucho de la persona que soy hoy. Cada día, sin excepción, sigo aprendiendo de ellas: de su sinceridad, de su capacidad para disfrutar de las pequeñas cosas, de su fortaleza y de su manera tan auténtica de querer.
Durante todos estos años han pasado muchas personas por mi vida. He tenido la suerte de compartir sus historias, acompañarlos en momentos de alegría, de celebración, pero también en situaciones difíciles. Cada una de ellas ha dejado una huella imborrable en mí.
Hay experiencias especialmente intensas que nunca olvidaré, como la convivencia con algunos chicos procedentes de centros penitenciarios. Sus historias me enseñaron el valor de la segunda oportunidad, de la confianza y de la capacidad que todos tenemos para cambiar y crecer cuando alguien cree en nosotros.
¿Qué es para usted Paz y Bien?
Paz y Bien es una parte esencial de mi vida. Aquí he crecido como profesional, pero sobre todo como persona. Es el lugar donde he compartido sueños, proyectos, alegrías y también dificultades. Hemos celebrado muchos logros juntos y hemos afrontado momentos duros siempre desde la unión y el compromiso. Cuando pienso en Paz y Bien pienso en personas, en afecto, en acompañamiento y en una forma de entender la vida basada en la dignidad y el respeto hacia cada ser humano.
¿Qué le gustaría que siguieran conservando las personas que van haciendo el relevo en la entidad?
Me gustaría que no dejaran de ver esta entidad como una gran familia. Que nunca se perdiera la esencia que ha caracterizado siempre a Paz y Bien: su enorme calidad humana e implicación. Deseo que quienes continúen este camino sigan viendo la entidad como una gran familia y que mantengan vivo ese compromiso sincero con las personas a las que acompañamos. La profesionalidad es imprescindible, pero lo que realmente marca la diferencia es trabajar desde el corazón, con cercanía, respeto y vocación de servicio.
¿Qué mensaje lanzaría a la sociedad respecto a la discapacidad intelectual?
Me gustaría que la sociedad mirara a las personas con discapacidad intelectual desde sus capacidades y no desde sus limitaciones.
Son personas con sueños, ilusiones, talentos y mucho que aportar. Cuando se les brinda una oportunidad y se les permite participar plenamente en la sociedad, nos enriquecen a todos con su forma de entender la vida, su autenticidad y su enorme capacidad para generar afecto y humanidad.
La inclusión no consiste únicamente en abrir puertas; consiste en caminar juntos, reconocer el valor de cada persona y construir una sociedad donde todos tengamos un lugar. Porque la verdadera discapacidad surge cuando dejamos de ver a las personas por lo que son y nos quedamos únicamente en sus diferencias.

